Cultura

Bienvenidos al último número de la revista The Window Seat. Este mes nos centramos en cómo la «Cultura» se refleja en nuestra historia, refuerza nuestros vínculos y nos hace explorar el mundo.

Esta escultura posmodernista de bronce se encuentra en una de las puertas de la Basílica Santa Maria degli Angeli e dei Martiri. Foto: Shutterstock

La historia de Europa a través de sus iglesias y catedrales

Descubre tres templos poco conocidos para aprender sobre la turbulenta y rica historia de Europa

Símbolos del patrimonio europeo, las iglesias y catedrales son verdaderos testigos del tiempo, que reflejan la cultura y las costumbres a través de su diseño y arquitectura. Estos hitos históricos nos trasladan a épocas pasadas con sus agujas, mosaicos, cúpulas, techos pintados y demás. Muchas iglesias y catedrales, que en su día fueron meros lugares de culto, se han convertido en iconos culturales que ofrecen a creyentes y no creyentes un lugar donde empaparse de arte, diseño y paz. 

Desde los inicios del cristianismo, pasando por la conquista musulmana, hasta la expansión del protestantismo, muchos de los lugares sagrados más simbólicos de la actualidad tienen sus raíces en la migración y la guerra. Independientemente de su origen, hoy en día son un reflejo de la diversidad de la Europa actual. Explora la historia y cultura de estos lugares religiosos
poco conocidos. 

Las Termas de Diocleciano y la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, Roma

Durante los primeros tiempos del cristianismo, cuando la palabra se estaba extendiendo, era primordial convertir a los lugares además de a las personas. A menudo se eliminaban los ídolos paganos y se destruían los símbolos de la cultura y las costumbres paganas. Sin embargo, a veces se salvaban las reliquias, como es el caso de las Termas de Diocleciano, una mezcla de arquitectura romana antigua y arte sagrado cristiano.

En el Claustro de Miguel Ángel, que se extiende a lo largo de una hectárea, se pueden ver gigantescas estructuras de cabezas de animales.
Foto: Shutterstock

El emperador Maximiano Hércules dedicó las termas romanas a su coemperador Diocleciano en el año 306. En aquella época, las instalaciones se extendían a lo largo de 13 hectáreas y contaban con un frigidarium (para baños fríos), un tepidarium (para baños tibios), un caldarium (para baños calientes y de vapor), una piscina de 4.000 metros cuadrados, una biblioteca, gimnasios, un teatro y jardines. Miles de esclavos cristianos perecieron en la construcción de este enorme complejo.

En ruinas tras la caída del imperio después de que los godos cortaran el suministro de agua (algo poco práctico para quien quiera bañarse), no fue hasta 1561 cuando las termas tuvieron una especie de renacimiento. El Papa Pío IV encargó la transformación del tepidarium y de las salas centrales en una iglesia dedicada a Santa María de los Ángeles y los Mártires, con Miguel Ángel a la cabeza de
la construcción.  

¿El resultado? La Santa Maria degli Angeli, una venerable obra maestra de contrastes. Nada más entrar en la iglesia, la fachada exterior se eleva en contraste con el impresionante interior de 90 metros. Se pueden encontrar diseños renacentistas, neoclásicos y barrocos, todos ellos en armonía con la antigua fachada. 

El crucero abovedado se conservó aposta para crear un contraste aún mayor con los ornamentos dorados, las pinturas, los frescos y las columnas de granito rojo. No te pierdas el reloj de sol de 45 metros de largo construido por el astrónomo Francesco Bianchini en 1705. La línea solar de bronce y mármol blanco y amarillo es un símbolo del dominio cristiano sobre los rituales paganos. Intenta encontrar el círculo luminoso en el meridiano, formado por la luz del sol que pasa a través de un óculo y se mueve según la posición de la tierra alrededor del sol.

Alcázar de Jerez de la Frontera

Cuando los árabes invadieron Europa por primera vez en el siglo VIII trajeron consigo muchos cambios, incluido un estilo arquitectónico que transformaría el mundo para siempre. Cúpulas y minaretes brotaron por todo el continente. Hoy quedan pocas obras maestras emblemáticas, salvo en el sur de España. Andalucía, que en su día fue una poderosa sede del gobierno musulmán, conserva bastante bien los restos de la dominación árabe. Aunque la Alhambra es el ejemplo más famoso de la arquitectura musulmana en España, no es el único que queda en la península.  

En Jerez de la Frontera podrás sumergirte en la turbulenta historia del Alcázar, marcado por los almohades. La fortaleza medieval se remonta al siglo XII y lleva las huellas históricas, políticas y culturales, visibles a través de una fastuosa mezcolanza de detalles islámicos y cristianos.

El Alcázar sirvió de base militar y política vital, pero también se utilizaron otros elementos importantes, como su mezquita y los baños árabes, durante el periodo almohade. Y a pesar de los múltiples derribos y del deterioro por el uso, la influencia árabe permanece. 

Dirígete a la mezquita desde la típica puerta almohade de la ciudad en forma de herradura. El tamaño del edificio puede confundirte, pero es un espacio impresionante que se refleja en su techo abovedado de altas nervaduras. Los arcos, el mihrab, la alfombra de oración y la fuente para las abluciones son vestigios del dominio musulmán. Aquí también podrás ver el altar creado en memoria de Santa María del Alcázar en 1248, cuando la mezquita se convirtió en iglesia. 

En el exterior, el Palacio de Villavicencio ofrece un contraste arquitectónico con el alminar, la torre desde la que se llamaba a la oración. Típico edificio barroco, el edificio rosa está decorado con leones y grajos, ambos símbolos de la realeza europea.  

Atraviesa el jardín y llegarás a los baños árabes, una de las partes mejor conservadas del Alcázar. No te pierdas los pequeños detalles, como los orificios en forma de estrella utilizados para echar el vapor. La higiene personal es importante en el Islam, por lo que los baños eran lugares populares para limpiarse. Sin embargo, cumplían una doble función como punto de encuentro para socializar. Hoy en día, los hammams se han vuelto más comunes en Occidente y se utilizan de forma muy parecida a como lo han hecho durante siglos en el mundo musulmán. 

Stavkirke, Noruega

El cristianismo es la religión predominante en Europa, pero existen algunas variantes. Mientras que gran parte del sur de Europa es católica, el centro y el norte se inclinan por el protestantismo. Liderada por el teólogo Martín Lutero, que protestaba contra la «venta de indulgencias» utilizada para financiar a la Iglesia católica, la Reforma Protestante se extendió por toda Europa en el siglo XVI y cambió la cultura para siempre. 

Esta nueva religión no tuvo una influencia crucial en la arquitectura cristiana en sí, aparte de algunos principios de diseño que daban más prioridad al aspecto funcional del espacio religioso, haciendo hincapié en la modestia y la sencillez. Las iglesias protestantes eran ante todo lugares de reunión de los creyentes, muy lejanas a la magnificencia arquitectónica de las basílicas católicas.

El uso de materiales como el ladrillo, la piedra y la madera es lo que distingue a las iglesias protestantes. Los mejores ejemplos de estas últimas se encuentran en Escandinavia, donde el entramado de madera era parte integral de la construcción de las iglesias. Aunque gran parte de Escandinavia es hoy secular, las iglesias de madera son piezas muy apreciadas de la
historia nórdica.

En Urnes (Noruega) se encuentra la encantadora Stavkirke, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Asentada en el fiordo Sognefjord, como un puente entre las eras pre y cristiana, esta reliquia cultural ofrece una mezcla perfecta de arquitectura romana y celta e influencias paganas,  incluyendo decoraciones vikingas: tallas de madera con motivos inspirados en la naturaleza y los animales. Y dragones, por supuesto. Muchos dragones.

Fíjate en la fachada exterior: las tallas vikingas ilustran un animal que muerde el cuello de un dragón. El interior también es de madera: los pilares son troncos de árboles y las tallas de madera muestran dragones y plantas. En el altar, se puede ver un candelabro con forma de barco vikingo con, sí, lo has adivinado: una cabeza de dragón en el extremo. ¡No digas que no te avisamos!

¿Sabías que no se utilizó ni un solo clavo en la construcción de la iglesia? Los vikingos manipularon la madera de forma que resistiera de forma natural el robusto clima del norte. También destaca el diseño de la escala inclinada del tejado para que la nieve se deslizase en lugar de amontonarse.