Rejuvenecer

Bienvenidos al sexto número de The Window Seat. Este mes, mientras el invierno va terminando, salimos de la hibernación para rejuvenecer nuestra mente, cuerpo y alma.

¡Un paisaje de postal! La Bahía de Nápoles con el Monte Vesubio al fondo. Foto: Shutterstock

Aventuras en Nápoles

Descubre por qué sigue siendo capital de la cultura, la historia y la gastronomía

Goethe dijo una vez, Vedi Napoli e poi muori, y los italianos se toman esta cita a pecho. Tienes que vivir la magnificencia de Nápoles al menos una vez para poder dejar este mundo en paz.

Y, sin embargo, Nápoles no es una ciudad cómoda para explorar. No está limpia ni ordenada, es difícil moverse, no es el tipo de lugar que te permite caminar tranquilamente por sus calles. A pesar de todo, la ciudad tiene un ambiente único y una alegría general que enamora.

Su espíritu único se captura mejor a través del Spaccanapoli, una pintoresca ruta, de casi un kilómetro de largo, que literalmente divide (spacca) el centro histórico de la ciudad en dos partes. Serpentea a través de callejones, entre palacios e iglesias, pasando por vendedores ambulantes y, por supuesto, pizzerías. 
Nápoles está pavimentada con oscuras leyendas y parte de su encanto reside en la mezcla de lo sagrado y lo profano, su lúgubre iconografía y soleada belleza, todo en una
sola ruta: el Spaccanapoli.

Comienza tu viaje en la fastuosa Iglesia del Gesù Nuovo, cuyos interiores representan uno de los ejemplos más impresionantes del arte barroco napolitano. Cerca de allí, la Capilla de Sansevero cuenta con el Cristo Velado de Giuseppe Sanmartino. Cristo se reclina en una cama, cubierto por un velo aparentemente transparente que se adhiere a su cuerpo. El efecto es deslumbrante y la leyenda dice que es el resultado de una «marbilización alquímica». Creas lo que creas, es una obra de arte que incluso hizo llorar de envidia al escultor neoclásico Antonio Canova.

Sansevero es un lugar repleto de simbología esotérica. Si no eres escrupuloso, no te pierdas las exposiciones anatómicas del sótano: dos esqueletos se exhiben con su sistema arteriovenoso casi perfectamente intacto. 

A pocos pasos de la capilla de Sansevero se encuentra un altar dedicado a Diego Maradona. El difunto jugador de fútbol argentino alcanzó la cima de su carrera profesional jugando para el S.S.C. Nápoles en la década de los 80 y es venerado como un dios por los napolitanos. En su santuario, se puede admirar un pequeño recipiente que supuestamente contiene sus lágrimas.

Gira hacia la calle San Gregorio Armeno. También conocida como la calle “navideña” esta encantadora callejuela es famosa por sus tiendas, todas dedicadas al Portal de Belén. Durante el período clásico, los adoradores ofrecían pequeñas figuras de terracota a la diosa Ceres, cuyo templo estaba aquí. En el siglo XVIII, la popularidad de los pesebres creció y los artistas y vendedores exhibían elaboradas figuritas pintadas a mano con las sedas más finas. Pero hoy en día no son solo los pesebres. Encontrarás muchas figuras seculares entre los Reyes Magos: desde la Virgen a Mónica Bellucci, pasando por Donald Trump. 

Hablando de artesanos, el Hospital de Muñecas, fundado a principios del siglo XIX por el escenógrafo Luigi Grassi, es un sitio fascinante, especialmente si viajas con niños. La leyenda cuenta que una madre desesperada entró un día en la tienda con una muñeca rota, rogando a Grassi que la reparara. Unas semanas después, Grassi devolvió la muñeca como nueva, ganándose el apodo de «doctor». Desde entonces, su taller se convirtió en un «hospital» y ahora es un museo donde se tratan y restauran todo tipo de figuras, incluyendo estatuas sagradas, utilizando técnicas antiguas. 


Nápoles es una ciudad construida sobre una rica tradición artesanal. Compruébalo en  la calle de  San Biagio dei Librai. Como su nombre indica, la calle está llena de talleres dedicados a la preservación de libros, antiguos y nuevos. Via San Biagio dei Librai también está en el centro de la ciudad, y a un metro de la famosa via dei Tribunali, un lugar imprescindible para los foodies.

En Nápoles, la pizza es una forma de vida y no te decepcionará la selección que tienes a mano. La mayoría de las pizzerías son familiares, con recetas transmitidas por generaciones. Hay un arte en la elaboración de la pizza napolitana perfecta y en Sorbillo, una de las pizzerías más populares, le tienen pillado el tranquillo. Aunque tengas que hacer cola durante un rato, el resultado merece la pena. La masa ligeramente carbonizada es masticable pero firme, y la salsa tiene la cantidad justa de sabor. 

Si la pizza no es lo tuyo (pero ¡qué te pasa!) puedes probar una variedad de comida callejera napolitana como la sfogliatella, un tradicional pastel rizado de Campania y el babà, un esponjoso postre en forma de hongo empapado en ron. 

Después del atracón de carbohidratos, es hora de quemar algunas calorías. Vete hacia el mar y disfruta de la impresionante vista de Castel dell’Ovo y el Vesubio desde el Lungomare. Con la brisa del mar en el pelo y el sol en la cara, finalmente entenderás (si no lo tenías ya claro) la esencia de la cita de Goethe. 


Si quieres seguir explorando la región de Campania, no te pierdas nuestro artículo sobre los lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO de la zona.