El aroma de lavanda está en el aire de la Provenza. Foto: Shutterstock

La Provenza: relax a la francesa

Explora los tranquilos rincones de la región, su ritmo calmado y sus pueblos de cuento

La Provenza es un festín para los sentidos, con sus vibrantes colores, el olor a lavanda flotando en la brisa y el sabor de las aceitunas y las uvas maduradas bajo un sol abrasador.

El sur de Francia siempre se ha caracterizado por su alegría de vivir, una alegría de convivencia pero también de tranquilidad. La tierra es fértil y los pueblos de cuento, lo que convierte a la Provenza en un lugar ideal para disfrutar de las bondades de la naturaleza. 

Aunque la región es muy extensa y abarca una gran variedad de ciudades y siete departamentos, te vamos a guiar por tres zonas muy diferentes (Drôme Provençale, Vaucluse y Bouches-du-Rhône) para que disfrutes de una escapada con cultura, gastronomía, sol y naturaleza. Así que pasa Marsella y Cassis y dirígete al corazón y al alma de la Provenza.  

Drôme Provençale: La puerta de la Provenza 

Situada al sur de Valence, la Drôme Provençale es el lugar donde los colores y paisajes de la Provenza cobran vida al llegar desde el norte. Es la tierra de los pueblos pintorescos (algunos son los más bonitos de toda Francia), las montañas verdes y los campos de lavanda.

Montélimar es un buen punto de partida con conexiones diarias desde las principales ciudades. Desde allí, puedes llegar a cualquier pueblo en autobús. Pero antes de emprender el viaje, no dejes de probar el turrón de la zona.

A continuación puedes ir a Nyons, en el suroeste, al Parque Natural de las Baronías Provenzales. Aquí, el olivo negro domina. Los olivares salpican el paisaje y ofrecen un aceite con aromas de avellana y manzana verde. Sigue la Ruta de los Olivos entre campos de lavanda y albaricoqueros. Por el camino, los productores muestran su experiencia y su pasión. Llévate a casa un recuerdo con la etiqueta «Olive AOP de Nyons», sello de calidad.

Antes de abandonar Nyons, saborea uno de sus vinos Côtes du Rhône. El vino blanco ecológico La Fille des Vignes es típico de la zona y tiene denominación de origen protegida. El vino marida perfectamente con las delicias de Nyons, como la tapenade de aceitunas o el picodon, un queso de cabra con sabor a nuez. 

Termina tu viaje en Montbrun-les-Bains, un pueblo termal en el que burbujean manantiales de azufre. El balneario ValVital ofrece jacuzzis en su azotea, con una impresionante vista de las montañas. 

Vaucluse: El corazón de la Provenza

Considerado el corazón de la región, Vaucluse ofrece cuatro panoramas distintos: el Mont Ventoux y sus altos valles, el Luberon y su arcilla roja, el valle del Ródano y sus innumerables viñedos, y el Pays d’Avignon y sus monumentos históricos.

Comienza tu viaje en la capital, Aviñón. La «Ciudad de los Papas» está llena de arquitectura medieval y fue la principal residencia papal en el siglo XIV. En su emblemático Palacio de los Papas, una obra maestra del gótico declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, podrás ver jardines, claustros floridos, altas bóvedas y frescos.

   Avignon fue en su día sede papal y cuenta con muchos lugares históricos y culturales. Foto: Shutterstock

Desde Aviñón, vete al este hacia el Luberon. En concreto, a L’Isle-Sur-La-Sorgue, un encantador pueblito. Sus canales serpenteantes con puentes llenos de flores añaden gracia al ya idílico entorno. Las calles están salpicadas de ruedas de paletas, utilizadas en su día para impulsar su rica industria textil. No te pierdas la Feria Internacional de Arte y Antigüedades para ver artesanía antigua o «Le Marché Flottant» (Mercado Flotante), donde los comerciantes, vestidos con trajes tradicionales, venden sus productos en barcos que recorren los canales. No te vayas sin antes disfrutar de un delicioso banquete en el Café de France.

Desde aquí es hora de dirigirse a Roussillon, una maravilla geológica que se cuenta entre los pueblos más bellos de Francia. En el corazón del Parque Natural del Luberon te espera una impresionante paleta de colores, a veces naranja rojizo o amarillo dorado e incluso morado oscuro. El ruddle, una arcilla coloreada con pigmentos naturales, tiñe de tonos cálidos el paisaje y las casas.

Desde Rousillon, recorre el «Sentier des Ocres», un sendero guiado que pasa por antiguas canteras, campos de lavanda y viñedos. Aquí encontrarás las arcillas rojizas y las arenas silíceas por las que es conocida la región. Por el camino, haz una parada en el pueblo de Apt, famoso por sus frutas confitadas y sus cerámicas.

Les Bouches-du-Rhône: La puerta del Mediterráneo

En el sur de Les Bouches-du-Rhône, la Provenza se funde con la brisa del mar Mediterráneo, dando lugar a un ambiente que se expresa con el alegre acento sureño de sus gentes. Desde las montañas hasta las aguas turquesas y el interior salvaje, Les Bouches ofrece un refugio tranquilo, lejos del bullicio de otras regiones de la Provenza.

Comienza tu ruta en Arles. Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Arles cuenta con monumentos históricos y fue en su día el hogar de Vincent Van Gogh, que pintó aquí 350 obras. Recorre sus calles tras la puesta de sol para disfrutar de una «noche estrellada» en toda regla. 

A sólo 30 minutos, te espera Les Baux-de-Provence. Con vistas al Parque Natural Regional de los Alpilles (una mezcla de bosques, afloramientos rocosos, viñedos y olivos) el centro medieval de Les Baux rebosa de casas de piedra, restos renacentistas, pequeñas capillas y canteras de piedra caliza.

Para una inmersión artística, visita las Carrières de Lumières, una antigua cantera convertida en un espacio de exposición digital dedicado a los mejores artistas del mundo. El arte se proyecta sobre las paredes de piedra caliza encalada de la cantera, creando un laberinto envolvente. Este año se exponen obras de Cézanne y Kandinsky.

Les-Baux-de-Provence cuenta con sus propios vinos con denominación de origen. Reinan el Mourvèdre, el Syrah y el Vermentino. Su vino tinto es muy oscuro y denso, con sabores especiados y una nota final de chocolate. Su rosado, con un perfil vivo en nariz, deja una sensación fresca y afrutada en boca.

Visita La Camargue, la tierra salvaje de los caballos y los toros. Con una topografía llana, el horizonte se funde a la perfección con el mar, las marismas y los estanques. 

Las marismas, como el Marais du Vigueirat, se pueden recorrer a pie, en bicicleta o en coche de caballos. Desde los flamencos rosas hasta los magníficos caballos blancos, esta zona preservada alberga numerosas especies vegetales y animales. «Les Sentiers de l’Étourneau» también es una gran opción y es accesible en silla de ruedas. 

En medio de lagunas y pantanos, encontrarás Aigues-Mortes, una ciudad medieval fortificada. El pueblo ha sido hogar de pescadores y salineros desde las cruzadas, de ahí el origen de su fortificación. Sube a una de las torres para disfrutar de una impresionante vista, mejor al atardecer.

Aquí podrás disfrutar de los mejores manjares del mar y de la tierra. Prueba el gardiane de taureau. El filete de toro es una delicia camarguaise. Otros platos más clásicos, pero no menos deliciosos, son los mejillones tradicionales servidos con crema de roquefort, o la sepia a la parrilla, marinada con guindilla. 

La Provenza es un auténtico festín para los sentidos, que ofrece una gran cantidad de atracciones, comida y vino que satisfarán tu necesidad de descanso y relajación.